Dulce. Como aquel primer beso, como la primera vez. Dulce como el chocolate, como los regalices... puede que incluso más dulce. Fue dulce como una sonrisa, como un "te quiero", como la miel. Dulce como aquel verano en el que un atardecer marcó un antes y un después. Dulce como su mirada, como su voz, como sus labios.
Días que decoran calendarios, que aceleran el tiempo, que se visten de seducción. Que recorren ascensores y se cuelan en tu cama, en tu vida, entre tus piernas. Días dulces en un otoño que ha mejorado, en una almohada que comparte sueños y sentimientos, días de frío y hojas caídas a tu lado... y al de ellos. Son días de recuerdos y de ausencias de "ganas de un poquito más de amor" en sus corazones, ausencias que unas palabras a veces llenan. Días con algún recuerdo amargo que en compañía de nuestra banda sonora escuecen menos.
Desde el último renglón del corazón, en semicorchea y a ritmo de rock... Felicidad.

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