lunes, 19 de diciembre de 2011

Noches de siroco

Como vagabundos que no tienen rumbo fijo andamos, no nos importa hacia dónde. Aquella noche fue nuestra, aquella noche nos comimos el mundo.
Tú tuviste la atención de todas las miradas, yo me dejé caer por la espina dorsal de la Gran Vía. Nos encantaba Madrid, y a Madrid le gustábamos también. Y todo dio igual. Ya no hubo rencores, ni recuerdos que escociesen, ya no hubo malas palabras que acudieran a nuestra mente como una punzada.
Puede que haya un momento en el que todo se vuelve algo borroso, en el que lo único que recuerdo es la euforia y mi cabeza guiándose por nada que la atormentase. Aquella noche me sentí bien.

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