martes, 29 de enero de 2013

Tristeza.


Después  de unos cuantos domingos desde que te fuiste vuelvo a enfrentarme a ese miedo que me acecha cada noche desde que lo nuestro dejó de tener nombre propio. Y he de decir que me había acostumbrado a no tener miedo, y ahora no sé como enfrentarme a él.
Creo que las cosas no son como antes, que hemos cambiado, que quizá cada pequeño detalle nos ha alejado un poco más; quizá no supimos mirar hacia adelante y teníamos muy presente nuestro pasado, nuestros fallos. Esta vez no fue el orgullo, simplemente fue el rencor, el no saber seguir sin pensar en todo lo ocurrido, en cada tormento de un verano que para mí fue eterno.
Sigo escribiéndote con cariño, a pesar de cada herida, de las veces que nos defraudamos o que simplemente nos dejamos pasar. Siempre serás tú, en nuestros mejores días al que recuerde.
Hoy sólo veo una caída al vacío cada vez que en mi habitación se hace de noche, y un hueco enorme a mi lado, en tu lado de mi cama; es una soledad algo extraña en la que simplemente te falta algo de ti, una pequeña parte que ocupa demasiado.
Está claro que lo único que pido a partir de ahora es que el tiempo pase rápido, porque últimamente parece que mi reloj se ha empeñado en no avanzar; que tu sonrisa jamás se desvanezca y que todo esto que hemos vivido sea algo imborrable para los dos. Sólo pido que seamos felices aunque eso implique el no estar juntos; sigue tu camino, que yo el mío seguiré.
Gracias por haber sido y haber estado, por cada rato compartido y por cada tarde al compás de la música, de nuestra música. Siempre ocuparás un lugar especial.
Con cariño y mucho, muchísimo amor alguien que te quiso por encima de todo, por encima de cualquier pero, por encima de cualquier forma de pensar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario