Te escribo las últimas líneas, marcadas a fuego, desde ese último rincón del corazón que siempre vas a ocupar. Te las escribo porque no quiero que nos olvidemos, porque quiero pensarte todos los días de mi vida. Te escribo porque me apetece, y lo hago con cariño y sin rencores. Lo hago porque me recuerdas al inicio del otoño, siempre en alerta, siempre tan tú.
Está claro que se han roto sueños, que se han acabado las promesas y que se han escapado las caricias. ¿Quieres que te diga algo? No dejes de sonreírle al mundo, nunca. Pase lo que pase, sientas lo que sientas.
Has cambiado mi vida, has puesto mi mundo cabeza abajo... Has hecho que mi corazón lata a tu compás.
Siempre, en un margen o en el medio de la página aparecerá tu nombre. Siempre te querré, sea como sea.

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