lunes, 23 de abril de 2012
La reina de los tejados.
Se acerca el calor, los conciertos, el alcohol dejándose caer por nuestras gargantas. Se acaban los días de malos recuerdos, de ausencias, de canciones con letras demasiado vacías. De corazones que laten demasiado deprisa, de sonrisas que se han cansado ya de fingir, de estar siempre ahí colocadas, como si fueran inmortales.
Se agotan las fuerzas y las papeleras están demasiado llenas de botes de Red Bull, el café ya no es capaz de evitar las ojeras. El techo se nos cae encima, y esas paredes que antes te habían parecido tan cálidas ahora te hacen sentir las más horrible claustrofobia. Se escapan los sueños, los amores y esas tardes por Madrid en las que pensabas que eras un huracán. Ya no hay ritmo en esa guitarra que amenizaba tus mañanas.
Creo que vuelve a sonar ese viejo disco de The Doors mientras un tímido rayo de sol inunda la habitación, mientras pretende calentar un poco un cuerpo demasiado frío ya. Es como si la primavera se hubiera marchado, como si ya no pudiera disfrutar de lo maravilloso de notar el sol calentando mis pestañas, como si diciembre hubiera vuelto para quedarse en todos los escalofríos que recorren mi espalda.
Nos creímos capaces de volar tan alto que podríamos tocar las nubes, de sentir tanto sin llegar a sufrir... De componer canciones que solo hablasen de París.
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